PÁGINA DE CUADERNO DE VIDA
«¡Abba –Padre!– todo te es posible… y
decía: no se haga mi voluntad, sino la tuya».
Mc 14, 36
P. Francisco Galo Sánchez
Diócesis de Ciudad Juárez
INTRODUCCIÓN
Veo conveniente situar mi narración en un contexto para poder explicarme mejor y a la vez valorar la razón de compartirlo. El martes 17 de marzo de este año, murió mi hermana Luz María, la más pequeña de mis hermanas, dejando dos hijos y a su esposo. Con el permiso del Obispo me fui con mi familia para estar con ellos en esos momentos. Duré 2 meses debido a la contingencia en donde aproveché para fomentar los lazos propios que durante muchos años había dejado de practicar. Al regresar a incorporarme de nuevo al trabajo pastoral, lo primero que traté de hacer fue situarme y recuperar lo realizado por el padre Carlos Alejo, quien se había quedado al frente.
Uno de mis preocupaciones fue la preparación para la Fiesta Patronal. Aquí la tenemos el 16 de julio sin importar el día en que caiga, pues es motivo de mucha concentración de gente. Me atrevería a decir que es la tercera en importancia: primero la de Guadalupe, le sigue San Lorenzo y luego la del Carmen. Hay mucho movimiento y también dificultades; desde el control de vendedores a quienes se les renta espacios en la calle, así como la venta propia en el atrio, el espectáculo adecuado para la diversión y lo religioso mediante una serie de eventos con el fin de mostrar el cariño y la devoción a la Virgen María.
Pero ahora era distinto y todo muy limitado, al menos así lo veía yo. Para eso me propuse convocar –por medio de las redes sociales – al Consejo Parroquial con el propósito de buscar juntos lo más adecuado, pues requería una decisión conjunta.
El punto de arranque fue la preparación para la Fiesta Patronal. Los convoqué el viernes 12 de julio para entrar en contacto; gracias a la ayuda del padre Carlos, pudimos concertar y vernos después de varios meses. Yo les platiqué y les expliqué las limitaciones que teníamos debido a las restricciones que se nos pedían cumplir. En este primer encuentro hubo de todo, no nos peleamos porque no podíamos pues estábamos sólo viéndonos,
pero desde luego que nos faltaba mucho escucharnos y tratar de entender la situación.
La siguiente reunión fue el viernes 19; un poco más tranquilos y después de un breve silencio pidiendo al Espíritu Santo que nos iluminara, pudimos entrar de nuevo en el debate. Se volvieron a calentar un poco los ánimos, no tan fuerte pero sí sin poder entendernos.
Insistí en la importancia de la contingencia, seguían aferrados a querer hacer lo que otros años o al menos más limitados, pero sin poder llegar a acuerdos ni tampoco ceder en nuestras ideas.
Para el viernes 26 de junio una vez más lo hicimos; ahora aparte de invocar al Espíritu Santo, muy brevemente les leí Mc 14,32-42 con la pregunta ¿qué le pide el Padre a su Hijo? Empezaron los aportes, de hecho duramos cerca de una hora, sin dejar de participar. Eso me llamó mucho la atención. Pero sólo lo anoté en mi cuaderno. Luego pasamos a la confrontación.
Con mayor tranquilidad, empezaron a proponer y ahora sí, pudimos ver un poco mejor las cosas. Deberíamos cambiar nuestro modo de ver y entender la Fiesta Patronal, pues lo importante era festejar a la Virgen María no tanto llamar la atención, juntarnos o bien hacer lo mismo de siempre.
Quedamos que cada grupo coordinara el rezo del Novenario a partir del martes 8 de julio hasta el miércoles 15; solamente 2 personas por grupo y transmitirlo a través de las redes sociales, difundiéndolo por medio de la página parroquial. El mero día 16, tener un Rosario con 4 personas y transmitir la Eucaristía sin permitir que viniera la gente a querer participar.
Abrir el templo de 10:00 am a 1:00 pm y de 3:00 a 6:00 pm para la oración personal, teniendo las medidas adecuadas que se nos piden y sobre todo no permitiendo el ingreso de toda la gente, sino poco a poco y nada más 15 minutos por persona;
impulsando el contactarnos por medio de la página parroquial y entrando a través del Facebook.
El viernes 5 tuvimos nuestra última junta para ver los detalles y saber cómo lo habían tomado los grupos. Con gusto escuchamos la buena disposición, los esfuerzos y costo de asumir las limitaciones, pero descubriendo que el amor a la Virgen María ahora era de otra forma pero no se dejaba de hacer, al contrario, se seguía manteniendo y fomentando.
Al finalizar la reunión y al agradecerles. Valoré mucho la importancia de escucharnos, de saber insistir en el cuidado de unos por otros y terminaban diciendo; “porque te queremos seguir viendo, mejor quédate en casa”. Gracias a esta experiencia pude experimentar la importancia de escucharnos, de pedirle al Espíritu Santo su luz y mostrar el cariño en circunstancias tan diferentes como esta. Muchas gracias.
