ALBERGUE DECANAL GUADALUPANO TIERRA BLANCA VERACRUZ.
“Un deseo sincero de santidad”
Agradezco poder compartir con ustedes algo de mi vida, agradezco a los amigos de tantos años del Prado invitarme a este compartir, recuerdo con mucho cariño el apoyo incondicional, fraterno, amistoso y solidario del P. Rodolfo Reza y del P. Armando García, con quienes varias hermanas compartieron años de colaboración y de sueños al servicio de la gente pobre de Concordia, San Pedro de las Colonias, Coahuila. Ellos se convirtieron en amigos y hermanos de toda nuestra provincia; el testimonio de vida del P. Camilo en Chihuahua y durante muchos años forjador de la Pastoral Social que marcó a tantas de nosotras, en nuestro sueño de compromiso social, transformador económico y político para la construcción del Reino.
¿Quién soy y qué he vivido?
Mi nombre es María de los Dolores Palencia Gómez, soy religiosa desde hace 49 años, en la Congregación de las Hermanas de San José de Lyon, Comencé mi vida religiosa en 1969, después del Concilio Vaticano II, en una época de muchos cambios y transformaciones del mundo, de la iglesia y de la vida religiosa.
Todos los movimientos del 68 y posteriores tocaron muy fuertemente mi identidad de mujer y mi deseo de cambios profundos de la realidad. Como laica en la iglesia desde las Comunidades de Vida Cristiana, pude formarme en los Ejercicios de San Ignacio, en el discernimiento y en esa dinámica de vivir los gozos y dolores del pueblo de Dios en el corazón del mundo. Todo esto impulsó en mí, una forma distinta de mirar y entender mi compromiso cristiano con todos los seres humanos. La vida religiosa apostólica femenina, vivió una gran transformación dejó de ser un “estado de perfección” separada del mundo, a vivir igual que cualquier cristiano, el compromiso profundo del bautismo, ser testigo y constructora de comunión.
Ese fue el primer desafío, todo estaba en revolución y todo podía crearse nuevo, eso fue apasionante, aunque al principio también desconcertante.
La Congregación de Hermanas de San José, nació en el Puy, Francia, en un tiempo de extrema pobreza después de la Guerra de Religiones la gente vivía dividida, con rencores, miseria, necesidades muy grandes y miedo. En el Puy, se cristalizó una experiencia de varias mujeres sencillas, algunas muy pobres, acompañadas espiritualmente por un sacerdote jesuita. Ellas desean una vida de relación profunda con Jesucristo, -sin por eso entrar en el claustro, que era la única forma de vida religiosa para mujeres en ese tiempo-, y al mismo tiempo una vida de entrega a todas las personas pobres, en necesidad, se sienten llamadas a practicar todas las obras de misericordia corporales y espirituales con las personas más excluidas, pobres, rechazadas, vulnerables, de aquellos años. Esto era entre 1648 y 1650.
La congregación nació de una manera diferente a lo establecido, a lo existente, con puertas abiertas, sin una obra definida o única. Cualquier servicio que una mujer, joven o viuda, de su tiempo y de su época pueda hacer para reconstruir la comunión, las relaciones justas, la reconciliación, en paz y justicia, con una preferencia especial por los más pobres.
Como no fue de claustro, no sería reconocida, ni tendría privilegios; lo importante era que las hermanas vivieran en medio del pueblo y junto con las personas del pueblo conozcan, vean las necesidades de los barrios y vayan rehaciendo la comunidad eclesial, la comunidad humana, cuidando de todos en especial de los más débiles.
Con un fuerte fundamento en la espiritualidad ignaciana, el discernimiento y la relectura de los signos de los tiempos marcan el camino para dejarse llevar por el Espíritu en cualquier época con libertad y generosidad, camino de encarnación, reconciliación, comunión.. (Fil 2, 1-11; Juan 17, 21) Un reto, un desafío fuerte, las estructuras internas son pocas, lo central es el enamoramiento apasionado a Jesús, sentir compasión activa ante el dolor de los crucificados de la tierra y hoy de toda la casa común; cada hermana y la comunidad somos responsables de este Carisma recibido.
Cuando veo mi vida hacia atrás, estos años de seguimiento de Jesús y de vivir en el corazón de las realidades humanas, colaborando con otras personas en hacer visible el Reino de Justicia, Amor, Paz, Alegría, me reconozco muy feliz, plena, con ilusión y esperanza. No han faltado crisis y tensiones, como es normal, pero constato la presencia cercana y siempre tierna de Dios Padre-Madre, el amor fiel de Jesús, la guía e impulso de la Ruah, Dios Trinidad que a través de las diferentes experiencias me ha regalado un crecimiento armónico, integral, como mujer, cristiana y consagrada, una gran paz y alegría, junto con una permanente inquietud para crecer y buscar con otras personas, en colaboración y complementación. He recibido el don de muchas amistades, cariños, servicios y nuevos conocimientos, he vivido experiencias que nunca hubiera imaginado al comenzar el camino, el horizonte se me ha abierto respecto a culturas, religiones, expresiones artísticas, opciones sexuales, moral, política…
He vivido búsquedas, sin certezas, sin claridades, en la fe y la confianza de “saber en quien he puesto mi confianza” y creo que esto es parte de la vida consagrada, porque purifica mi opción: Seguir a Jesucristo, pedir cada día el don de aprender su mirada, sus sentimientos, sus actitudes y con su gracia, irlos haciendo parte de mi, para que realmente mi vida sea esperanza, misericordia, transparencia de la presencia de Dios para toda persona humana y en especial para las personas más pobres, más vulnerables, más excluidas.
En este caminar he vivido diversas experiencias de servicio y presencia: educación formal e informal, comunidades eclesiales de base en zona campesina, presencia a indígenas y refugiados, servicios internos a la Congregación a nivel general y provincial, que me llevaron al encuentro de otras culturas: la India, Líbano, Egipto, Grecia, Burkina Faso, Costa de Marfil, Senegal… experiencias de servicio a la vida religiosa en México y en la CLAR, América Latina. Acompañamiento espiritual y de Ejercicios. Hoy servicio directo a personas migrantes.
Los textos de la Escritura que iluminaron mi profesión definitiva, siguen siendo fundamentales para mí en esta relación entre Dios Trinidad y yo… La primera lectura era de Jeremías 18, el Alfarero que baja a la alfarería y modela un cacharro con barro… que se rompe, el Alfarero con amor lo vuelve a modelar… Esa es la historia de mi relación con Dios Amor, que nunca me ha dejado a pesar de mis rupturas y mis alejamientos, siempre con mucho amor, me vuelve a modelar y rehacer. La segunda lectura de Filipenses 3, 7 ss… Todo lo he considerado pérdida ante el conocimiento de Cristo Jesús… no hay nada que pueda valer más en mi vida que Jesús y su seguimiento, lo que él quiera y como él quiera.
Conocer interna y profundamente a Jesús, sentir su invitación a seguirlo y saber que me acompaña, me enseña, me lleva de su mano y me invita a trabajar por el Reino, un Reino de Justicia, de Paz, de Amor y de Alegría… Jesús me apasiona y ha apasionado mi vida, por eso el Evangelio del día de mis votos fueron las Bienaventuranzas… un camino de vida, para que el Reino se vaya haciendo presente en este mundo y para todos. Y el Salmo 126, El Señor ha hecho grandes cosas por nosotros y estamos alegres.
La influencia de la Teología de la Liberación en todos mis primeros años de formación, de servicio, de crecimiento personal, espiritual, integral, ha sido definitiva y muy importante. Los grandes inspiradores de transformaciones en América Latina, los mártires y profetas del camino hacia la justicia y la equidad, el pueblo de Dios, comprometido, sencillo y lleno de sabiduría, me han gestado, me han moldeado continuamente como el Alfarero, en el estilo de las Bienaventuranzas.
Dos testigos que marcaron mucho mi vida: Monseñor Oscar A. Romero y Monseñor Pedro Casaldáliga. Su fragilidad, su valor, su coherencia y su intimidad profunda con Jesús, para poder hacer vida el Evangelio.
El sentido de mi vida hoy, al servicio de las personas migrantes.
Hoy desde la experiencia en un Albergue para migrantes en tránsito en Tierra Blanca, Veracruz, con mucho gozo y con dolor, mi vida y mi servicio están dedicados a acompañar a las personas migrantes que atraviesan México por un sueño de vida; a las personas migrantes desplazados de nuestro país que buscan otra oportunidad y seguridad; a buscadores de refugio y de asilo, hombres, mujeres, adultos, jóvenes y niños.
Muchas veces he sido testigo de la libertad, generosidad y solidaridad de ellos y ellas. Su esperanza, su sueño, su resilencia, iluminan mi vida y mi manera de vivir cotidianamente.
Ellos sufren mucho en el camino, por el desarraigo de sus familias y de su país, la incertidumbre e inseguridad al salir a lo desconocido y sin gran cosa para el camino, ni pertenencias, ni dinero, ni compañía. Su vida corre peligro todo el tiempo, ya desde su país, todo lo largo del camino son asaltados, robados, maltratados, secuestrados, extorsionados, rechazados. Muchas veces caminan varios días antes de encontrar alguna ayuda o algún albergue.
La presencia de los Albergues, quiere ser un espacio de esperanza, de descanso, de ayuda humanitaria. Un decir sin palabras: tú, ustedes, son importantes para nosotros, somos hermanos, somos iguales, creemos en su derecho a vivir, a buscar la vida en abundancia, a sobrevivir, a buscar soluciones a la angustia y la ansiedad de sus familias. Insistir en su defensa y la defensa de sus derechos porque todos tenemos derecho a un trabajo digno, a la equidad y la justicia, a caminar con libertad, sin fronteras, sin diferencias por raza, por idioma, por opciones sexuales, a la justicia en el desarrollo posible de todos los pueblos, a su educación.
De la vida de los pobres, excluidos he recibido el Evangelio
Desde niña, por el testimonio de mis papás, la cercanía con los pobres me ha evangelizado. Ellos me han anunciado a Jesucristo, yo he aprendido de ellos a reconocer al verdadero Jesús de Nazareth, al Hijo de Dios Emanuel que se encarnó y se hizo uno de nosotros. En sus vidas leo el Evangelio de Jesús, los Hechos de los Apóstoles, los Salmos. Con ellos he vivido multiplicación de panes y de recursos, perdón y reconciliación del Padre amoroso con sus hijos, conmigo, cuando me alejo y lo rechazo. En medio de ellos constato que a los sencillos y pequeños se les ha enseñado lo más importante del Reino. Con muchas mujeres campesinas de Tabasco, aprendí la alegría de ser fiel en lo poco, de ser levadura en la masa, de creer con una fe inquebrantable que basta tocar su manto para sanar, para recuperar la vida que se pierde y de superar el aparente desprecio respecto a las migajas para acceder a la curación del ser querido.
Ellos y ellas me han enseñado lo que significa el que la promesa de Jesús enderece lo encorvado, haga caminar con dignidad al tullido, limitado, discapacitado. Ellos me han mostrado de mil maneras que el Señor es nuestro pastor que nunca nos deja, nos prepara el camino y va delante de nosotros. Ellos y ellas hacen vida todos los días a Mateo 25, ellos dan de comer, ellos consuelan, ellos visten, ellos aconsejan, visitan a los presos, a los adictos, a los abandonados…ellos comparten lo poco, lo mucho, o nada, todo se comparte con alegría y con amistad y nadie es perfecto, se vale caer, llorar, frustrarse y no ser omnipotentes, se necesita la ayuda de los demás, la colaboración y aporte de todos. Ahora diríamos la participación, la sinodalidad para cuidar y proteger la casa común y de todas las creaturas.
Como a todos nosotros la pandemia del COVID 19, ha desconcertado mucho a las personas migrantes y a los pobres, primero no creían en ella, salieron de sus países en diciembre o enero, sin saber lo que venía, empezaron a caminar y muchos entraron a México encontrándose las barreras para subir al norte y empezaron trámites de refugio o asilo en el sur del país… la pandemia ante todo los detuvo en el camino sin comprender, todos los trámites se detuvieron, no podían moverse de los albergues, no podían buscar trabajo, no pudieron regresar porque las fronteras se cerraron en el norte y en el sur.
Se han quedado desprovistos de todo y en algunos lugares son rechazados, son los extranjeros que pueden contagiar… la situación de pobreza y desempleo genera desconfianza en los posibles competidores de oportunidades… Los albergues estamos en muchos lugares semi- cerrados o cerrados por la emergencia sanitaria… sin embargo en medio de toda esa dura realidad ha habido solidaridad, personas voluntarias que siguen al servicio, donaciones, defensa de personas heridas en el camino, o víctimas de delito, de lluvias, de inundaciones.
El Covid, nos hace buscar más signos no visibles siempre en el rostro, de hospitalidad, de recepción, de interés por la otra persona. Cada vez un poco más consciente, es más fácil que acepten que la pandemia afecta a todos, que acepten reglamentos sanitarios y que esta situación la estamos padeciendo todos, eso genera una cierta empatía y una apertura a ver con compasión y con amistad a los demás, sin culpar a otros de mis males, o de mi sufrimiento.
El Covid, también hace más visible todas las desigualdades, la incapacidad de los sistemas políticos, económicos, sociales, sanitarios. El miedo a la muerte, a la enfermedad, a la no protección. Todos somos vulnerables, nadie tiene segura la vida, pero es claro que hay diferencia de oportunidades y de recursos. ¿Cómo insistir en la amabilidad, en el compartir de lo poco o mucho, cómo repartir lo poco o mucho? ¿Cómo hacer vida las palabras del Papa Francisco: Acoger, Proteger, Promover, Integrar, en el respeto a las culturas y a las diferencias?
