SUBSIDIO PARA LA HOMILÍA DEL DOMINGO XXV ORDINARIO
“Nadie nos ha contratado”
Mateo 20, 7
Lecturas bíblicas: Is 55, 6-9; Salmo 144; Fil 1, 20c-24.27a; Mt 20, 1-16
“Porque el Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña. Trató con ellos un denario por día y los envío a su viña. Volvió a salir a media mañana y, al ver a otros desocupados en la plaza, les dijo: “Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo“. Y ellos fueron. Volvió a salir al mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Al caer la tarde salió de nuevo y, encontrando todavía a otros, les dijo: “¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin hacer nada?”. Ellos les respondieron: “Nadie nos ha contratado“. Entonces les dijo: “Vayan también ustedes a mi viña“. Al terminar el día, el propietario llamó a su mayordomo y le dijo: “Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros“. Fueron entonces los que habían llegado al caer la tarde y recibieron cada uno un denario. Llegaron después los primeros, creyendo que iban a recibir algo más, pero recibieron igualmente un denario. Y al recibirlo, protestaban contra el propietario, diciendo: “Estos últimos trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el peso del trabajo y el calor durante toda la jornada“. El propietario respondió a uno de ellos: “Amigo, no soy injusto contigo, ¿acaso no habíamos tratado en un denario? Toma lo que es tuyo y vete. Quiero dar a este que llega último lo mismo que a ti. ¿No tengo derecho a disponer de mis bienes como me parece? ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?”. Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos».
Posibles puntos para meditar el celebrante quizás con algunos miembros de la comunidad a lo largo de la semana y retener aquellos que más puedan encarnarse en la vida de las asambleas.
• Hay contrataciones
Siempre a través de imágenes, Jesús nos habla del Reino de los Cielos. Aquí, vemos al dueño de un gran viñedo que contrata obreros para su viña. En varias ocasiones, sale y va hasta las personas que se presentan. Me coloco en la escena, lo veo salir y dar trabajo. En este
día de la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, decido vivir en la ofrenda de mi vida y de mi ser a quienes se presenten.
• A todas horas
La escena se desarrolla en el transcurso de un día, desde temprano en la mañana hasta la última hora, en intervalos de tres horas excepto por la última. Son numerosos los obreros que buscan trabajo. Se ponen de acuerdo con el dueño sobre su salario. Me coloco junto con estos obreros, como si fuera uno de ellos. ¿Cuál es mi hora? Llevo en mi oración a todos aquellos y aquellas que el día de hoy buscan trabajo o se encuentran desempleados.
• Enviados a la viña
El trabajo en la viña no es específico. No se requiere ninguna competencia particular, no hay que entregar ningún CV. Todos los solicitantes están en base de igualdad. Lo importante es ser enviados por un dueño confiable que mantiene su palabra. Por supuesto, Jesús piensa en la viña del Señor y en el Reino de los Cielos. Tomo más conciencia de que yo también soy enviado a esta viña. ¿Qué coloración da este envío a mi vida?
• ¿Qué salario?
El dueño promete dar lo que es justo. Sin embargo, cuando llega el momento de la paga, la mayoría están muy decepcionados. ¿Quién es este dueño que da en igual medida a quienes trabajaron una hora que a quienes trabajaron desde la mañana? ¡Qué injusticia! Ningún sindicato está presente para defenderlos. Lo que es justo a los ojos de Dios no necesariamente es justo a los ojos de los humanos. Pido al Señor convertir mi corazón para entrar en su manera de actuar que es más amplia que la mía.
• Primeros/últimos
La lógica del Evangelio no es la nuestra. Como lo expresa tan bien un canto: “Jesús pone todo al revés”. ¿Quiénes son estos primeros y estos últimos que han venido a la viña? En el reino de los Cielos, la fe no se mide en número de años, sino que es respuesta a un llamado que se recibe. Dios es dueño del tiempo del llamado. Doy gracias por la fe que he recibido, poco importa cuándo.
• La bondad del dueño
“Porque los pensamientos de ustedes no son los míos, ni los caminos de ustedes son mis caminos”. Estas son las palabras que pone en boca de Dios el profeta Isaías en la primera lectura del domingo. Sí, la bondad de Dios nos desconcierta pues mueve las fronteras y derriba nuestras evidencias. Disipa en mí, Señor, todos los celos frente a tu bondad, que rebasa todo lo que podemos concebir.
• La fuerza de la palabra
Al enviar a los obreros a su viña, el dueño se pone de acuerdo con cada uno sobre su salario: un denario. El contrato se respeta. Los primeros reciben lo que se les había prometido, los últimos reciben también lo que se les había anunciado como justo. El dueño mantiene su palabra. Es por ello que a nadie se ha perjudicado. El dueño indica que no es tan importante el trabajo como quienes lo realizan y su relación con quien lo da. Las personas dan más importancia a la rentabilidad, pero no están al servicio de ésta. Nos hace bien escuchar esta inversión de valores en estos tiempos de consumismo. Que la eucaristía de este día nos permita mantener el curso hacia la búsqueda del reino y su justicia.
Orar al centro del mundo con el Papa Francisco
Para que los recursos del planeta no sean saqueados sino compartidos der manera equitativa y respetuosa.
Extraño reino de los cielos el que se nos promete. Lo menos que podemos decir es que no está dentro de nuestra lógica. No se refiere al código del trabajo. ¿No debería ser Jesús un buen jurista, conocedor de las leyes? Es que para él no se trata de leyes sino quizá de cierta forma de justicia social.
Él mira, escucha, viene a ayudar, propone, siempre atento a los más débiles, a los desprovistos, a quienes no se toma en cuenta, a quienes esperan un llamado para existir finalmente. No hay duda, ellos tendrán su lugar en este reino, y será el primero. Quizá somos uno de ellos. Pero quizá también tenemos esa responsabilidad. ¿Sabremos recibir a quienes no hemos empleado, a los obreros de última hora, y proponerles trabajo y salario? Hay lugar para todos en la viña del Señor, él acaba de explicárnoslo.