ESTUDIO DE EVANGELIO
“Jesús, pan que se da y se replica en quien de él se alimenta”
P. Cesar Castillo Diócesis de Torreón
1. Evangelio de Juan 6, 1-5:
1 Despué s de esto pasó Jesú s a la otra orilla del lago de Galilea –el Tiberıá des–. 2 Le seguıá un gran gentıó , porque veıá n las señ ales que hacıá con los enfermos. 3 Jesú s se retiró a un monte y allı́ se sentó con sus discıṕ ulos. 4 Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judıó s. 5 Levantando la vista y viendo el gentıó que acudıá a é l, Jesú s dice a Felipe:
—¿Dó nde compraremos pan para darles de comer? 6 –lo decıá para ponerlo a prueba, porque sabıá bien lo que iba a hacer–.
7 Felipe le contestó:
—Doscientas monedas de pan no bastarıá n para que a cada uno le tocase un pedazo.
8 Uno de los discıṕ ulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dice:
9 —Aquı́ hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados; pero, ¿qué es eso para tantos?
10 Jesú s dijo:
—Hagan que la gente se siente.
Habıá hierba abundante en el lugar. Se sentaron. Los hombres eran cinco mil. 11 Entonces Jesú s tomó los panes, dio gracias y los repartió a los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados: dándoles todo lo que quisieron. 12 Cuando quedaron satisfechos, dice Jesú s a los discıṕ ulos:
—Recojan las sobras para que no se desaproveche nada.
13 Las recogieron y, con los trozos de los cinco panes de cebada que habıá n sobrado a los comensales, llenaron doce canastas. 14 Cuando la gente vio la señ al que habıá hecho, dijeron:
—EJ ste es el profeta que habıá de venir al mundo.
15 Jesús, conociendo que pensaban venir para llevárselo y proclamarlo rey, se retiró de nuevo al monte, él solo.
2. Notas hermenéuticas
“El monte” es el lugar donde habita la divinidad. Jesú s subió al lugar que le es
propio.Sentarseeselsıḿbolodeenseñar,comolosrabinos.
“Se acercaba la Pascua”, no es un dato cronoló gico, sino teoló gico. La gente no sube a Jerusalé n, como era su obligació n, sino que busca en Jesú s la liberació n que el templo no puede dar.
El dinero tiene un significado profundo. El dinero es lo que habıá desplazado a Dios del templo, utilizado por el sistema opresor, es el causante de la injusticia y del hambre. Comprar pan, es obtener un bien necesario para la vida, a cambio de dinero, inventado para dominar. El vendedor dispone del alimento; lo cede solo bajo ciertas condiciones dictadas por él. La vida no está al alcance de todos, sino mediatizada por los que detentan el poder. Jesú s no acepta tal estructura, pero quiere saber si sus discıṕ ulos la aceptan. Felipe no ve solució n. Doscientos denarios era el salario de más de medio año de trabajo.
Andrés muestra otro posible horizonte; una solució n distinta a la del comprar. Habla de los panes y los peces que descubre, como algo de lo que se puede disponer. El muchacho (muchachito, doble diminutivo), representa al insignificante grupo de los discıṕ ulos.
Los nú meros son sıḿ bolos. 5+2=7 indica totalidad. Todo se pone a disposició n de los demás. Al decir que son de cebada, pone en relación este episodio con el de Eliseo; pero marca una gran diferencia: é l dio de comer a cien con veinte panes. Jesú s da de comer a cinco mil con cinco.
De todas formas, la propuesta de Andrés no sirve. No hay medios suficientes.
Comer recostado era signo de hombres libres. Jesú s quiere que todos se sientan personas con su propia responsabilidad. No quiere servidumbres ni dependencias de ninguna clase. Aquı́ está ya apuntando a la falsa interpretació n del signo.
“El lugar” (con artıć ulo determinado) era como se designaba el templo. Ahora Dios no está en el templo sino donde está Jesú s. La mucha hierba, signo de la abundancia de los tiempos mesiánicos.
“Dio gracias”. eucaristhsaV= “habiendo dado gracias”. Este dato tiene mucha contenido. Se trata de conectar la comida con el ámbito de lo divino (los sinópticos hablan de elevar la mirada al cielo). Se reconoce que el alimento es don de Dios para
todos; no puede un ser humano apropiárselo para después sacar provecho de su venta. Una vez liberado del acaparamiento egoıś ta, todos tendrán acceso a ese bien necesario.
Se sustrae de su finalidad primera que es alimentar, y se eleva el nivel para convertirlo en signo de Vida. Solo en este nuevo espacio fuera del egoıś mo, es posible el compartir.
“Recojan las sobras”. Lo sobrado, no tiene sentido de resto o desperdicio sino de sobrante, sobreabundante. En la Didaché se llama al pan eucarıś tico “los trozos” (klasma).
Deben recogerlos porque la comunidad tiene que continuar la obra de la entrega. Otra gran diferencia con la experiencia del EJ xodo. El maná no duraba de un dıá para otro; lo que Jesú s ofrece tiene valor permanente y hay que cuidarlo.
Recordemos que en los Hechos se llama a la eucaristıá “la fracció n del pan”. No es pan, sino pan partido.
“Llenaron doce canastas”. “Doce” no hace referencia a los apó stoles. En Juan no se identifica a los discıṕ ulos con los 12. Es más probable que haga referencia a las doce tribusdeIsrael,comosıḿbolodetodoelpuebloquehabıáacompañadoaMoisés por el desierto.
El profeta que había de venir al mundo estaba anunciado en Dt 18,15. Se trata de un profeta como Moisés que harıá los mismos prodigios que él. No reconocen la novedad de Jesú s. Siguen creyendo en una salvació n venida de fuera, al estilo del AT. Más tarde se establece una clara distinción entre el alimento que les da Jesús y el maná .
El intentar hacerle rey demuestra que no han entendido nada. La multitud queda satisfecha con haber comido. La identificació n con Jesú s y su mensaje no les interesa. Sus intereses están muy lejos de la actitud de Jesús.
Jesú s quiere liberarles, ellos prefieren seguir dependiendo de otro. Jesú s les pide generosidad; ellos prefieren recibir gratis. Jesú s quiere asociarlos a su obra; ellos quieren descargar en un jefe su responsabilidad.
La solució n no es el dinero o un milagro externo, sino el saber compartir todo con todos. La verdadera salvació n no está en que alguien solucione nuestros problemas.
La liberació n está en superar el egoıś mo y estar dispuesto a dar a los demá s lo que uno tiene y lo que uno es.
“Se retiró a la montaña él solo” En algunos manuscritos se dice que ‘huyó ’ al monte. Jesú s sube a lo alto, mientras los discıṕ ulos bajaban… Ante la total incomprensió n de la gente, Jesú s no tiene alternativa, se vuelve al monte (lugar de la divinidad).
Completamente solo, como Moisés después que el pueblo traicionó a su Dios, haciéndose un ıd́ olo. Este paralelo con Moisés, muestra la gravedad de lo sucedido. Haciendo de Jesú s un Mesıá s poderoso, repiten la idolatrıá de los israelitas en el desierto. Ambos quieren adorar a Dios, pero bajo la falsa imagen (ıd́ olo) que ellos mismos habıá n hecho de EJ l.
3. Continuar sin aceptar la propuesta de darse a los demás
El dinero sigue siendo hoy la causa de toda desigualdad. Todo tiene un precio, incluıd́ os los bienes espirituales (aranceles). La gratuidad y el compartir son conceptos que han desaparecido de nuestra sociedad.
Es bien conocida la alternativa; seguir ante la encrucijada pero aú n no se ha tomado una decisió n. La inconsciencia de no tomar el camino espiritual, es ya dejarse llevar por el hedonismo.
La búsqueda de placer a cualquier precio es la tónica de la sociedad actual. En el mejor de los casos, es empeñ arse en ir por dos caminos opuestos al mismo tiempo.
Jesú s pudo escapar de la pretensió n de aquella gente, pero no ha podido escapar en la actualidad y como Iglesia ha sido proclamado rey (Rey del universo).
Vale la pena que cada uno se dé tiempo para examinar los motivos que le mantienen unidos a Jesús. ¿Por qué soy cristiano? ¿Por qué voy a misa? ¿Para asegurar sus favores aquı́ abajo y ademá s, garantizar una eternidad dichosa en el cielo? ¡Qué poco han cambiado las cosas! También hoy se da lo mismo que ayer, seguir a Jesús sin querer saber nada del servicio y la entrega a los demás.
Seguir tratando de poner lo espiritual al servicio de lo material, pareciera que es lo que de verdad hoy interesa. No interesa lo que Dios quiere para cada uno, sino lo que cada uno espera de Dios. No importa la visió n trascendente de la vida, sino que el Todopoderoso se ponga a servicio personal.
Si todos los que llamamos cristianos empezá ramos a compartir, como en el evangelio, se producirıá la mayor evolución de la cristiandad. Esperar a compartir cuando todas las necesidades personales han sido cubiertas, es arriesgarse a nunca compartir, porque la técnica del capitalismo hedonista es precisamente aumentar las necesidades a medida que éstas se van satisfaciendo.
4. Jesús, fuente de la que brota toda vida
El texto constituye, un “pre-texto”, en forma de catequesis, dotado de un profundo simbolismo. De hecho, comienza con una pregunta que el propio evangelista reconoce que es retórica (pues “bien sabıá él lo que iba a hacer”). Pero, aún retórica, sirve para enmarcar adecuadamente la narración completa, al hacerla arrancar de un objetivo claro: “que coman estos”.
“Que coman”: si se refiere al pueblo judıó , al lector no le resulta difıć il evocar la historia del éxodo y del maná, como muestra del cuidado de Yhwh. Aquı́ es Jesús, quien se encuentra preocupado por el cuidado de su pueblo, hasta el punto de que será ese cuidado el que desencadenará toda la acción.
Sin embargo, desde una perspectiva más amplia, es legıt́ imo referir estas palabras al conjunto de la humanidad. Con ello, indudablemente, los destinatarios de la catequesis se han multiplicado, hasta el punto de que a todos ellos alcanza el interés que Jesú s manifiesta: “que coman”.
Y aquı́ es donde empieza a desplegarse todavıá más la riqueza de simbolismo que encierra el relato, y que es susceptible de varios niveles de lectura.
Nivel ético. Nace del amor y nos pone en movimiento para favorecer que “todos coman”. Se suele decir que la ética es el criterio de verificación de toda religión y de la misma espiritualidad. No porque se priorice ningún tipo de voluntarismo, sino porque constituye el test donde se muestra la calidad del amor y, paralelamente, la desegocentración. Sin esta referencia ética, alguien podrıá pensar que se halla en a l g u ́ n e l e v a d o p e l d a n ̃ o e s p i r i t u a l c u a n d o e n r e a l i d a d e s t a r ı á s o l o e n u n autocomplaciente paraıś o narcisista.
Nivel espiritual. Será en este donde se presente a Jesú s como “pan de vida”. ¿Qué es lo que eso significa? La imagen es clara: Jesú s constituye el alimento que hace vivir. Lo que cambia es el modo como se le comprenda.
Nivel de conciencia mıt́ ico. Con restos aún del nivel mágico. Era normal que Jesús fuera visto como alguien capaz de multiplicar los panes, en un sentido literal. Del mismo modo, y desde un modelo dual de conocer, tenıá n que verlo como el “salvador” que, desde fuera, proporciona alimento para la vida, en cuanto se creyera en él. En ese marco, creer tenıá un marcado componente mental; se trataba de una adhesió n a la creencia de que Jesú s era el Salvador divino y de que, en virtud de esa adhesión, se era ya salvado. Sin embargo, lo que realmente alimenta no es la adhesió n mental a su mensaje, ni siquiera el seguimiento a su persona. Jesú s salva y alimenta porque es pan de vida.
De ahı́ que se vive en la medida en que, se permanece conscientemente conectado a él y nos dejamos vivir desde él, desde la conciencia clara de que constituye nuestra identidad ú ltima.
Jesú s decıá con toda verdad: “yo soy el pan de vida”, porque tambié n sabıá decir: “el Padre y yo somos uno”. Viviendo en la consciencia clara de su identidad (“Yo Soy”), él se reconocıá como la Fuente de la que brota toda vida.
5. El estilo de Jesús exigen una revisión profunda de los propios criterios
El relato de la multiplicación de los panes y los peces, Jesús consiguió que la gente compartiera lo que cada uno llevaba, y bastó para todos y más. El milagro consiste en que todos compartan su pan. Es muy sugerente, pero no parece que los textos estén diciendo eso. De todas formas, dada la cantidad de simbolismos que se han ido añ adiendo al relato, es muy difıć il conseguir una reconstrucció n de los hechos.
Los signos del evangelio de Juan se presentan siempre a partir de una narración, para elevarse a un mensaje (y en el proceso, no pocas veces los sucesos se conviertenensıḿbolosyalrevés,lossıḿbolossonentendidoscomosucesos).
En el pan (la multiplicación), el autor se eleva de la narración de un suceso al mensaje sobre Jesú s, quien es el pan bajado del cielo. Este texto plantea la catequesis sobre Jesú s/abundancia, banquete ofrecido a toda la gente.
Todo el que viene a Jesú s es alimentado, Jesú s atiende el hambre de todos, simplemente porque están hambrientos. Este tema está profundamente conectado con las famosas comidas de Jesús con publicanos y pecadores. Esa “comensalıá abierta” de Jesús es una de sus caracterıś ticas, tan notable y sorprendente, que provocó el escándalo de legistas y fariseos. Jesús es pecador porque come con pecadores. Pero Jesús da otra explicación: el médico tiene que estar donde están los enfermos.
Jesús está con todos, come con todos, se roza con todos; pero más especialmente, más habitualmente, dirıá mos que más a gusto, con la gente más sencilla, incluso con la más marginal.
Por otra parte, los asistentes al banquete sacan conclusiones equivocadas: quieren hacerle rey. Es obvio entender que la proclamación, en Israel, equivale al reconocimiento como Mesıá s, el Rey Libertador por excelencia, el esperado. Y ¿qué mejor Rey/ Mesıá s que alguien que cura las enfermedades y da de comer gratis y en abundancia?
La gente – incluidos sus discıṕ ulos- está n dispuestos a aclamar a Jesú s como Mesıá s. A lo que no están dispuestos es a cambiar su imagen de Mesıá s, a admitir que el Mesıá s no va a ser el Rey que ellos esperan, sino Jesú s, tal como es.
Esto abre un cuestionamiento ineludible: hasta qué punto seguimos a Jesú s; si le seguimos solamente mientras nos parece razonable, mientras concuerda con nuestras expectativas religiosas, o somos capaces de seguirle incondicionalmente, dejándonos cambiar por él.
5. La carencia que encamina a la plenitud
En el relato joánico, para quien conocıá el Antiguo Testamento, los datos constituıá n guiñ os elocuentes: la “hierba” recuerda el salmo 23, que canta a Yhwh como “pastor” del pueblo; los “panes de cebada” traerıá n a la memoria el milagro, también de multiplicació n, que se atribuye al profeta Eliseo (2Re 4,42); y tanto el “cinco” (y sus mú ltiplos) como el “doce” son alusió n directa a Israel, constituido sobre las doce tribus y asentado en los cinco libros de la Torá.
Con frecuencia, la existencia humana parece una carrera en busca de aquello que nos sacie de un modo definitivo. En esta carrera se presentan elementos que resultan familiares: necesidad, ansiedad, vacıó , bú squeda, insatisfacció n… Todos ellos, a primera vista, remiten a la propia percepció n como seres carenciados. Serıá , pues, esa carencia la que desencadenarıá todo el proceso de bú squeda.
Expresándose en una “forma” carenciada, necesitada y vulnerable, somos, sin embargo, plenitud, dotada de un dinamismo que percibimos como anhelo. La sabidurıá nos hace ver que somos plenitud siempre a salvo, que se expresa en una “forma” (personalidad) concreta, que es necesario cuidar sin desconectar de nuestra verdadera identidad.
Cuando se vive ası,́ no es la ansiedad la que rige la propia existencia, porque se descubre que ya se es todo aquello que se busca, sino que la acció n brota desde el dinamismo propio de la Vida que nos define.
En conclusión
- Jesú s no quiere estar por encima de los demá s. Tampoco quiere que la gente se esclavice. La verdadera esclavitud viene del falso yo. Jesú s quiere personas libres y responsables. Por tanto, es imprescindible tomar las riendas de tu propio destino y escapar de la tiranıá de ego que te atenaza. El horizonte de la propia plenitud está dentro de sı.́ Lo externo ni ata ni puede liberar.
- Entrar en conexió n con Fuente de la que brota toda vida, se descubre que se comparte con el propio Jesú s. Y que lo que é l era, lo somos todos, aunque lo ignoremos. Todos somos Vida, todos somos “pan de vida”.
- Los discıṕ ulos esperaban a un Mesıá s Davıd́ ico. Estuvieron a punto de perder toda fe en Jesú s por su muerte en la cruz. Tuvieron que cambiar de mente, y esto se produjo só lo cuando, como fruto de la resurrecció n, creyeron en é l. Las primeras comunidades tuvieron que abrirse al mundo, entender que
Jesú s rompıá los moldes de la Antigua Ley; su fe en Jesú s fue capaz de cambiarles radicalmente. Se nos invita a una revisió n profunda de criterios. El estilo de Jesú s y nuestro estilo, sus valores y los nuestros. Jesú s es vino nuevo que rompe continuamente nuestros viejos odres.
- El conocimiento de Jesú s es pan, que cuando alimenta, es deleite, se multiplica y da vida plena.
